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Las
ciencias, tanto sociales como médicas se han preguntado qué es
en realidad un alcohólico, ya que la definición no es fácil,
dada las diferentes etapas por las que pasa un bebedor hasta
convertirse en un alcohólico crónico.
Una
de las más aceptadas definiciones, la de los profesores Kessel y
Walton, señala dos factores fundamentales para determinar que es
un alcohólico: "El primero es la bebida excesiva, que
implica bebida repetida. Una única caída no connota por sí
sola, que se trata de un alcohólico. El segundo elemento es el daño
que resulta de la bebida. A no ser que haya daño, una persona
puede ser un bebedor excesivo, quizá puede estar en camino del
alcoholismo, pero no es un alcohólico" ((Neil kessel y Henry
Walton). Ahora bien, para determinar ambas medidas, es preciso
delimitar algo mas, ya que lo que para uno es excesivo, para otro
puede ser prudente. Esta medida la aporta la dependencia por un
lado, y los daños derivados de ella por otro:
La
dependencia
La
dependencia del alcohol es diferente de otras drogas tales como el
opio o la cocaína, ya que en el alcohol el nivel de
tolerancia es mucho menor. Esto significa que las personas
dependientes de otras drogas, pueden alcanzar dosis mucho mayores,
que para los no dependientes resultarían fatales, sin embargo en
el caso del alcohol, los bebedores habituados no necesitan grandes
dosis para obtener los efectos deseados. A la larga de todos modos
el organismo desarrolla una tolerancia cada vez mayor, a la vez
que en bebedores avanzados, esta misma tolerancia puede disminuir
a causa de una enfermedad, o una deficiente alimentación, por
ejemplo.
La
experiencia
Es
perturbadora la experiencia de bebedores que de pronto se
encuentran mucho más intoxicados, ante una cantidad de alcohol,
que creían soportar sin desorganización para sus vidas. Por otra
parte es interesante tener en cuenta que el alcohólico, sobretodo
aquel que aún no ha desarrollado dependencia física, va a volver
en un momento u otro a la bebida, lo que por una parte le va a
conducir a la espiral imparable de la dependencia física, en
tanto la psíquica ya está instaurada, y el sujeto necesita
beber, ayudarse de la bebida para enfrentarse a problemas de la índole
que sea, y en definitiva para funcionar con éxito como ser
social. Como vemos la dependencia, iniciándose en la esfera psíquica,
y quizá precisamente por ello, lleva la situación a una esfera física,
reuniéndose entonces los desajustes por ambas partes.
Los
daños del tóxico
El
alcohol ejerce un efecto tóxico en el organismo, y una de las
consecuencias más graves es la desnutrición: Ello ocurre básicamente
porque el alcohólico sustituye las calorías de la comida por las
de la bebida, y aunque la apariencia en una primera etapa no es
visible, esta desnutrición llevará a diversos trastornos, entre
los que se encuentra principalmente el hígado. El alcohol causa
un efecto tóxico directo sobre las células hepáticas, que en su
forma leve puede ser reversible, pasando más tarde a la
denominada cirrosis, enfermedad que causa la muerte en el 50 % de
los casos. El sistema nervioso es, por otra parte, afectado en una
gran medida, y se origina, sobretodo, a causa de la desnutrición
crónica del alcohólico; la falta de Vitamina B condiciona
lesiones nerviosas tales como temblores, caminar inseguro,
desordenes en el sueño, junto a ansiedad, depresión, disminución
de los reflejos o falta de concentración, por citar algunas. Por
su parte, los síntomas de abstinencia, debidos a la reducción
repentina de la ingesta, se instauran de forma insidiosa, en unas
horas o varios días, concluyendo con el "delirium tremens",
la
forma más avanzada y de cuadro clínico espectacular, ya que se
acompaña de gran agitación y desorientación, junto a la clásica
alucinación en donde el paciente ve "bichos"
sobre él, ya sean pequeñas arañas o inconmesurables monstruos.
El
verdadero problema
Considerando
que el alcoholismo es un problema de salud, en realidad el
verdadero problema radica en la dificultad, por parte de los
pacientes, para reconocer que son alcohólicos. La carrera de los
"bebedores" se caracteriza por diversas etapas en las
que el sujeto se empeña en demostrar y demostrarse a sí mismo,
que es capaz de dejar de beber. Esta ilusión persiste de
forma sorprendente y muchos la persiguen hasta la locura o la
muerte. La espiral de la carrera del bebedor se alimenta a sí
misma: Por ejemplo el sujeto piensa que de algún modo, algún día
será capaz de controlarse, pero nunca es el momento oportuno,
bien por problemas que pueda tener, bien por autoconvencimiento.
En algún momento, al hacerse a sí mismos la "prueba",
se marcan un límite tipo "a la cuarta copa, paro", pero
para esa cuarta copa ya el licor ha hecho sus estragos y sucede
entonces que el sujeto se pregunta "¿De que me sirve
parar ahora?". En este punto la autoestima baja tanto, la
"solución" se pospone para tan largo plazo, que
la espiral como decimos, no hace más que alimentarse y crecer.
Otro aspecto a tener en cuenta es que todos los bebedores desean
dejar de hacerlo, de manera que en tanto se engañan a sí mismos,
las familias se muestran dispuestas a creer en esas promesas
expresadas con sinceridad, en tanto la enfermedad no hace más que
avanzar.
Tratamiento
Las
consideraciones anteriores, interesan en lo que respecta al
tratamiento, que si bien requiere de ayuda médica, y con
frecuencia con ingreso hospitalario, precisa también del conjunto
de amigos y familiares que rodean al paciente. Sirven de muy poco
las recriminaciones bienintencionadas como "No tienes fuerza
de voluntad" "¿Por qué no bebes sólo una cerveza como
todo el mundo", "No dejas de beber porque no
quieres". Estas recriminaciones amistosas encierran
incomprensión e ignorancia, pues como hemos indicado, el bebedor
sólo desea dejar de beber, pero no puede. Simplemente no puede,
así que el tratamiento irá encaminado a comprender por parte de
quienes le rodean que esto es así, proporcionándole ayuda
efectiva. Esta será médica, en el proceso de desintoxicación,
con sedantes en un primer momento, que pueden ayudarse más tarde
con preparados que hacen de la experiencia de beber algo muy
desagradable (cianamida cálcica, por Ej.), pero en realidad lo más
importante es el tiempo y la dedicación al paciente, un
seguimiento eficaz y una implicación de las personas que le
rodean. Por último tener en cuenta que el paciente por lo
general, bebe para enfrentarse a un problema, por lo que es
precisa la intervención de trabajadores sociales u otros como
psicólogos, ya que en tanto no desaparezca el problema
(desempleo, pobreza, baja autoestima, o cualquier otra disfunción
social), las posibilidades de éxito en el tratamiento se reducen
notablemente.
Ver también: El
frágil umbral del alcoholismo
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