HACIA
UNA ESCOLARIZACIÓN EQUILIBRADA DE LOS INMIGRANTES
(entrevista a Jesús Ibañez Bueno)
Jesús
Ibáñez Bueno, representante de las Asociaciones de Padres
de Alumnos (APAS) del distrito de Chamberí (Madrid), licenciado
en Historia y Ciencias de la Educación, es uno de los profesores
que, como orientador y como padre, lucha por conseguir una
escolarización equilibrada de los inmigrantes en los centros
educativos, lo que sería conveniente para todos.
TIEMPO Y TIERRA: ¿Se están distribuyendo equilibradamente
los alumnos inmigrantes en nuestros colegios e institutos?
RESPUESTA: Hay enormes desequilibrios. Veamos algunas cifras:
casi el 86 % de los extranjeros están escolarizados en centros
públicos, pero lo significativo es que el 14 % restante, que
estudia fundamentalmente en centros concertados, tienen un
nivel socioeconómico y cultural mejor, con lo cual, los centros
públicos están asumiendo todo el esfuerzo de la integración
de este alumnado. Además, un porcentaje alto de emigrantes
presentan necesidades educativas especiales, que va de la
mano de situaciones sociofamiliares desfavorables, superior
al del resto de sus compatriotas marroquíes, polacos, etc...
T. y T.: ¿Cuál es el perfil del alumnado inmigrante?
R.: Los profesores nos damos cuenta hasta qué punto ha cambiado
el alumnado en los últimos años. No sólo por los inmigrantes
extranjeros, pues habría que distinguir entre los distintos
tipos de alumnos, los que tienen necesidades educativas especiales,
que han aumentado considerablemente en proporción. Un porcentaje
significativo de inmigrantes suelen tener un retraso curricular
medio de dos años como mínimo, es decir, necesitan una atención
casi particularizada. Pero resulta que tanto ellos como el
resto de alumnos con estas necesidades (excepto los superdotados)
se encuentran en la enseñanza pública: es decir, todo el peso
recae sobre los profesores de los centros públicos.
T. y T.: ¿Qué puede hacer el profesor ante estas dificultades?
R.: Realmente el trabajo del profesor es ímprobo, pues las
adaptaciones curriculares que debe hacer sólo pueden ser prácticas
cuando son pocos alumnos con necesidades educativas especiales
por aula. De otra forma sería imposible, pues cada vez es
mayor la diversidad en el aula, y sólo hay un profesor para
todos, por lo que habría que pensar en adaptaciones de grupo.
Y hacerlas efectivas significaría estar encima de cada alumno
para atenderle correctamente. En estas circunstancias, el
papel del profesor es complejo. Se requiere una buena actitud,
dedicación y mucho trabajo. Y en algunas materias, simplemente
no funcionan las adaptaciones.
T. y T.: ¿Cuál es, entonces, en relación al número de inmigrantes,
la situación actual de los centros?
R.: Algunos están desbordados. Los que han pasado del 10 %
ya están en una situación muy difícil. Concretamente, cuando
en un aula hay más de tres alumnos inmigrantes con necesidades
educativas especiales, la calidad de la enseñanza y la dedicación
del profesor al grupo ya no puede ser la misma, y los resultados
académicos decaen ostensiblemente, incluso a veces por debajo
de los objetivos mínimos. Esto es evidente en otros países
europeos, sobre todo en los centros o zonas donde no se han
tomado medidas equilibradoras. Este sociólogo, que actualmente
está en Inglaterra (Jesús me muestra un recorte de periódico
firmado por Mariano Fernández Enguita), habla de los white
flight, es decir, círculos viciosos de deterioro zonal y escolar,
y alude a que "la integración debe ser un deber asociado a
la ciudadanía y obligar a la misma incluso a los centros privados
sin ningún tipo de financiación pública (auque hubiera que
proveerla sólo para esto); sería una carga solidaria más justificada
que, por ejemplo, el servicio militar".
T. y T.: ¿Incluso los centros privados "puros" deberían admitir
inmigrantes?
R: ¿Por qué no? Tengamos en cuenta que a esos tres o cuatro
alumnos hay que añadir los repetidores, los desmotivados,
los que precisan refuerzos educativos,... Es decir, que hacen
falta por un lado más recursos para atender a estas necesidades
y, por otro, una escolarización equilibrada, porque así, en
definitiva, todos se podrán enriquecer con la diversidad.
T. y T.: ¿Qué problemas educativos solemos encontrar entre
los alumnos inmigrantes?
R.: Dentro de los colectivos de inmigrantes extranjeros, las
carencias son muy diferentes de unos a otros, además de las
propiamente individuales. Un magrebí, un hispanoamericano,
un europeo del Este, un asiático o un centroafricano, precisan
respuestas educativas diferenciadas. El desconocimiento del
idioma es un problema aparte, que están asumiendo, igualmente,
los centros educativos. El planteamiento más sensato sería
crear aulas de inmersión, pero comprendo que esta idea tenga
detractores, pues está en contra del espíritu integrador.
O tal vez podría superarse el dilema con una solución en la
que se compartieran tiempos, dando prioridad al aprendizaje
de la lengua.
T. y T.: ¿Cómo afrontan esta situación los centros implicados?
¿Cómo reaccionan los equipos directivos y los consejos escolares?
R.: Cuando el porcentaje se dispara surge la alarma en la
comunidad escolar. Profesores, alumnos, padres y equipos directivos
se encuentran en una situación crítica. Muchos padres optan
por sacar a su hijo del centro, ante la comprobada bajada
de los niveles de calidad. La amenaza de que ese centro se
convierta en un gueto está servida. Aparecen auténticos pequeños
guetos en algunos grupos, e incluso en algunos centros, que
son abandonados, siempre con dolor, por los alumnos que tienen
un nivel medio. El proceso se acelera y se retroalimenta,
y algunos centros son una especie de pozo donde casi sólo
son matriculados alumnos con necesidad de importantes recursos
humanos. Pero los profesores abandonan los centros, y en ellos
sólo quedan interinos y provisionales, perdiéndose las líneas
educativas que podrían salvar la difícil situación creada.
En fin, un caos. Los equipos directivos y los docentes improvisan
soluciones porque se les ha presentado el problema de golpe,
ni habían sido advertidos de las dificultades por las autoridades
educativas. Los cambios han sido precipitados y sin los recursos
necesarios, primando la escolarización sobre la educación.
Los centros están tomando conciencia de esta situación y están
exigiendo a la Administración que cumpla la normativa, es
decir, que se produzca una escolarización equilibrada de este
alumnado y que se dote a todos los centros sostenidos con
fondos públicos de los recursos que precisan.
T. y T.: En este aspecto, ¿hay alguna diferencia entre colegios
de educación primaria e institutos de enseñanza secundaria?
R.: En los centros de primaria es donde comienza el desequilibrio
en la escolarización, pero en secundaria la proporción es
mayor, debido al menor número de centros y a que los centros
concertados no admiten, por regla general, a estos alumnos.
Curiosamente, los hispanoamericanos prefieren los centros
concertados religiosos, debido a sus arraigadas creencias
católicas, pero son excluidos de una manera u otra (a veces
con pretextos más o menos sutiles) y tienen que acudir a centros
públicos, sobre todo cuando están en una situación económica
desfavorable. Los centros concertados se acogen al principio
de la libertad de elección de centro y afirman que no discriminan
a los inmigrantes, pero en la práctica no respetan, de ningún
modo, el cupo de inmigrantes y otros alumnos desfavorecidos
que tienen asignados por la normativa (2 - 3 plazas por aula).
(Jesús me enseña una voluminosa carpeta con numerosa documentación
hemerográfica y estadística, recortes donde se manifiesta
la actualidad y virulencia que está cobrando el problema,
muchas veces, puede leerse, a causa de la actitud insolidaria
de los centros concertados).
T. y T.: ¿Qué organizaciones e instituciones están estudiando
y trabajando este tema?
R.: En principio, tendrían que ser los consejos escolares
de cada centro y cada municipio los que tomaran conciencia
y los que debieran exigir, con todo derecho, que se produjera
una escolarización equilibrada. Hay que reconocer que los
sindicatos han estudiado a fondo el tema y han hecho porpuesta
que han servido para llegar a acuerdos con la Administración.
Pero no siempre se cumplen estos acuerdos, y estamos como
al principio. Sí, con un mayor grado de concienciación, pero
el proceso es lento, y el perjuicio para el alumnado y la
pérdida de la calidad de la enseñanza es prácticamente irreversible.
Por eso se está produciendo un movimiento social, integrado
por Asociaciones de Padres de Alumnos y Plataformas por la
calidad de la enseñanza, integradas por asociaciones escolares,
vecinales, sindicales, grupos políticos, ONGs que trabajan
con inmigrantes, mediadores sociales, que están dándose cuenta
de la centralidad del tema de la educación. Pero yo veo que
queda mucho camino por recorrer, pues no hay unidad de acción,
y, por ejemplo, la FAPA Giner de los Ríos no quiere definirse
y pretende descalificar a las propias APAS que abogan por
el equilibrio en la escolarización. Y seremos cada vez más
intransigentes, sin remedio, por nuestra condición de padres,
pues nos jugamos el futuro de nuestros hijos.
T. y T.: Y del país.
R.: Exacto. Lo más lamentable es que si esto no se resuelve
puede surgir una sociedad más injusta, desigualitaria, insolidaria,
insegura, en una palabra, una fractura social de difícil solución
e incalculables consecuencias.
T. y T.: Según parece, la clave de todo se encuentra en las
comisiones de escolarización: ¿cómo están organizadas y funcionan
estas comisiones?
R.: En efecto, las comisiones de escolarización son las encargadas
de llevar a cabo este equilibrio en el reparto de los inmigrantes,
pero estas comisiones están incumpliendo la normativa en esta
materia, por lo que algunas han sido denunciadas ante los
Tribunales de Madrid y ante la Fiscalía del Menor. Además,
en la nueva remodelación de estas comisiones, hay defectos
importantes en la distribución de los barrios asignados a
cada comisión, y los padres hemos perdido, curiosamente, representación,
por lo que nos tememos que el ansiado equilibrio en la escolarización
se demore sine die, en perjuicio de la educación de nuestros
hijos.
T. y T.: ¿Qué medidas deberían tomar las administraciones
y los centros para evitar estos desequilibrios?
R.: Es necesario un gran debate nacional sobre el tema. Es
el Parlamento el que debe asumir esta responsabilidad y el
que diseñe un programa estatal de educación compensatoria.
Pero sobre todo hace falta la voluntad política de resolver
los crecientes problemas, concretar esa voluntad a partir
de la legislación vigente, mediante el desarrollo de una normativa
tendente a un fin consensuado, explícito, y, por último, crear
un soporte financiero que haga posible su puesta en práctica.
¿Tú crees posible esto?
T. y T.: ¿Me preguntas tú? Yo te respondería con aquella copla:
"en preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder, y a
preguntas sin respuesta, ¿quién te podrá responder?
R.: En fin, que hay que reflexionar sobre los peligros de
la privatización de la enseñanza.
T. y T.: Teniendo en cuenta la situación de algunos centros,
¿qué podemos o qué pueden hacer?
R.: En nuestra zona de Chamberí, en el corazón de Madrid,
debido ni más ni menos a que hay centros concertados xenófobos
y excluyentes, hay tres centros que son ya auténticos guetos
(donde las minorías son mayorías), y se están oponiendo firmemente,
a través de su consejo escolar, a la admisión de más alumnos
desfavorecidos, con el argumento de que la mayoría de esos
centros concertados siguen poniendo trabas para la escolarización
de estos alumnos. Ante esta situación, es lógico que aparezcan
centros de enseñanza laica concertada, que tienen igual derecho
que los centros religiosos a recibir subvenciones. En todo
caso, deberíamos revisar la cuantía de los conciertos, la
carga fiscal que todos asumimos con las subvenciones y la
carga a las familias, que se intensifica en la enseñanza postobligatoria.
(Para mayor información y contactos, se puede acudir a la
página web: www.gratisweb.com/apachamberi).