Por primera vez desde que llegó al poder, el Partido Popular ha abierto una vía de diálogo con el entorno de ETA, como anunció ayer el presidente del Gobierno, José María Aznar. No será ésta, sin embargo, la primera ocasión en que se produzcan contactos entre la banda terrorista y el Ejecutivo. Atrás queda una larga historia de treguas y negociaciones infructuosas y la sombra del fracaso de las conversaciones del PSOE con ETA en Argel en 1989.
Todos los contactos llevados a cabo por el gobierno socialista con ETA para alcanzar una solución dialogada al problema de la violencia fracasaron, ya que la banda terrorista nunca cedió en sus pretensiones de exigir contraprestaciones políticas a cambio del abandono de la acción criminal.
La estratégia de dialogar con los cabecillas de ETA para sondear la posibilidad del abandono de las armas se había venido aplicando desde la instauración de la democracia, pero se aceleró tras la detención en Francia del entonces cabecilla de ETA, Domingo Iturbe, «Txomin», y su expulsión a Gabón y posteriormente a Argel en 1986. A finales de ese mismo año el abogado Jorge Argote, por encargo del Ministerio del Interior, se entrevistó con «Txomin». Más tarde lo harían otros emisarios, entre ellos el entonces secretario de Estado para la seguridad, Julián San Cristóbal. Sin embargo, pronto se confirmó la intransigencia de ETA, que a cambio de cesar en su actividad criminal exigía reivindicaciones políticas.
A finales de febrero de 1987 Domingo Iturbe falleció en Argelia en circunstancias nada claras, lo que dio lugar a que se interrumpieran los contactos, hasta que el 9 de julio fue trasladado a Argel Eugenio Echeveste, «Antxon», quien un mes después se entrevistó con el comisario Manuel Ballesteros. El encuentro se repitió el 18 de septiembre. Pero la banda quería interlocutores de mayor relieve político y así, a mediados de octubre, quien se entrevistó con «Antxon« fue el entonces delegado del Gobierno en el País Vasco, Julen Elgorriaga. Ambos se volvieron a entrevistar el 21 de noviembre, pero la matanza en la casa cuartel de Zaragoza, cometida el 11 de diciembre de 1987, demostró por enésima vez las intenciones asesinas de ETA, y se suspendieron los contactos.
No obstante, sería por poco tiempo, porque el 19 de febrero de 1988 el Gobierno volvió a ceder a las presiones de ETA, por lo que Echevestre y Elgorriaga celebraron su tercer encuentro. Pero estaba claro que la banda quería chantajear al Gobierno socialista, porque el 25 de febrero secuestró a Emiliano Revilla.
El 30 de octubre, tras la puesta en libertad del empresario, previa entrega del rescate, ETA lanzó una supuesta oferta de tregua, a condición del inicio de conversaciones con el Gobierno. El 8 de enero de 1989 ETA planteó otra oferta de tregua «unilateral», aunque sólo de quince días, algo que fue considerado como insuficiente. Tres días después la banda recibió un duro golpe con la detención en Bayona de su máximo cabecilla, José Antonio Urruticoechea Bengoechea, «Josu Ternera».
El 14 de enero, no obstante, se entrevistaron en Argel los representantes de la banda encabezados por «Antxon» y los emisarios del Gobierno, a cuyo frente se encontraba el secretario de Estado para la seguridad, Rafael Vera. El 23 de enero, ETA hizo pública otra oferta de tregua, ahora de dos meses, que dio lugar al proceso de conversaciones de Argel, que comenzó el mismo 25 de enero. Se llegarían a celebrar cinco reuniones. Por parte del complejo ETA intervinieron Eugenio Echeveste, «Antxon», Ignacio Aracama Mendía, «Makario», Belén González Peñalva, «Carmen», Iñigo Iruin, Rafael Díaz Usabiaga y otros dirigentes de Herri Batasuna.
Rafael Vera y el entonces delegado del Gobierno en Murcia, Juan Manuel Eguiagaray, representaron al Ejecutivo. La banda pretendía incorporar a la mesa a los cabecillas José Antonio Urriticoechea Bengoechea, «Josu Ternera», Isidro Garalde, «Mamarru» y Juan Lorenzo Lasa Michelena, «Txikierdi» y exigía contrapartidas políticas, lo que fue rechazado finalmente por el conjunto de las instituciones democráticas. Las conversaciones fracasaron y el 4 de abril la banda declaró abiertos todos sus frentes, reanudando la actividad terrorista.
El 15 de marzo de 1990 se reanudaron los contactos, y así, representantes del Gobierno se entrevistaron con Echeveste, hasta junio, en cinco ocasiones.
En abril de 1991 Rafael Vera se desplazó a Santo Domingo. Desde entonces, los contactos con Echeveste se mantuvieron, pero el Gobierno del PP puso fin a esta vía con la entrega a España de «Antxon» en agosto de 1997. Además, el Gobierno socialista sondeó a José Luis Arrieta Zubimendi, «Azkoiti», para los que fue trasladado a París en situación de libertad vigilada. Después se incorporaron a esta vía de diálogo Eloy Uriate, «Señor Robles», José Luis Ansola Larrañaga, «Pello el Viejo» y José Manuel Pagoaga Gallastegui, «Peixoto».
La «Vía Azkoiti» ha constituido uno de los mayores escándalos en la estrategia negociadora, ya que después de engañar al Gobierno, huyó y se incorporó al «aparato de finanzas» de ETA.
En la última etapa socialista, tanto Antonio Asunción como Juan Alberto Belloch reiteraron que el Gobierno socialista había cerrado todas las vías de diálogo, negociación, contactos o «tomas de temperatura» con la banda terrorista ETA. Sin embargo, más recientemente, el propio Belloch consideró como «interesante» la posibilidad de dejar esta estrategia en manos de los partidos políticos vascos.
A pesar de ello, el Gobierno del PSOE hizo un último intento de acercamiento a ETA, a través del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, una idea de la secretaria de Estado de Interior, Margarita Robles, que acabó en fracaso.
Con el Partido Popular en el poder, los terroristas no hicieron un nuevo ofrecimiento de alto el fuego hasta el 23 de junio de 1996, que no fructificó porque, entre otras causas, el Gobierno lo consideró una «tregua trampa» para el reforzamiento de la banda.
En noviembre de 1997, los etarras trataron de establecer un diálogo con el Ejecutivo sobre la situación de los presos de ETA, pero no se alcanzó ningún compromiso.
Ahora, el Gobierno de Aznar abrirá una vía de diálogo con el entorno de la banda terrorista, que siempre que ha negociado lo ha hecho con las pistolas debajo de la mesa. Tampoco esta vez ha abandonado las armas. El proceso de diálogo se producirá, por primera vez, con una «tregua indefinida» como telón de fondo.
Página 28 ABC, miércoles 4 de noviembre de 1998El copyright de los textos de prensa pertenece a sus autores respectivos. Fecha de la trascripción, 4 de julio de 2006.